Cómo proteger a las personas mayores del frío
21 de septiembre de 2026

Cómo proteger a las personas mayores del frío cuando termina el verano

El final del verano trae días todavía agradables, pero también mañanas más frescas, noches en las que empiezan a bajar las temperaturas y cambios de tiempo que pueden sorprendernos de un día para otro.

Para las personas mayores, esta transición hacia el otoño merece una atención especial. No se trata de dejar de salir o de abrigarse en exceso en cuanto llega septiembre, sino de ir adaptando poco a poco la ropa, los horarios, la alimentación y las actividades a las nuevas temperaturas.

Con algunos cuidados sencillos podemos ayudar a nuestros mayores a seguir disfrutando de esta época del año con comodidad y seguridad.

¿Por qué las personas mayores son más sensibles al frío?

Con el paso de los años, el organismo puede tener más dificultades para adaptarse a los cambios de temperatura. Además, algunas personas mayores pueden percibir el frío de manera diferente o tardar más en darse cuenta de que necesitan abrigarse.

A esto pueden sumarse otros factores, como una menor movilidad, determinados problemas de salud o algunos tratamientos médicos.

Por eso, cuando termina el verano, es importante no fijarse únicamente en la temperatura máxima del día. Una tarde soleada puede ser muy agradable, mientras que a primera hora de la mañana o al anochecer la sensación térmica puede ser muy diferente.

El final del verano: cuidado con los cambios bruscos de temperatura

Uno de los errores más habituales durante las primeras semanas del otoño es seguir manteniendo las rutinas propias del verano.

En esta época podemos salir de casa con calor y regresar varias horas después con una temperatura mucho más baja. También aparecen diferencias importantes entre espacios interiores y exteriores.

En las personas mayores conviene anticiparse a estos cambios.

No significa renunciar a pasear o disfrutar del exterior. Todo lo contrario. Salir, mantenerse activo y disfrutar del aire libre continúa siendo importante. La clave está en adaptar las actividades a las condiciones de cada día.

7 consejos para proteger a las personas mayores del frío

1. Vestirse por capas

Durante esta época del año puede ser más práctico utilizar varias prendas ligeras que una sola prenda muy gruesa.

Vestirse por capas permite añadir o quitar ropa a medida que cambia la temperatura durante el día.

También conviene prestar atención a las zonas más expuestas al frío, especialmente cuando las temperaturas empiezan a bajar de manera más notable.

2. Elegir bien las horas para salir

No tenemos que dejar de disfrutar de los paseos porque haya terminado el verano.

En los días más frescos podemos adaptar los horarios y aprovechar las horas en las que la temperatura sea más agradable, evitando exposiciones prolongadas al frío cuando las condiciones no sean adecuadas.

Además de la temperatura, es importante tener en cuenta otros factores como el viento, la lluvia o la humedad.

3. Mantener una temperatura agradable en los espacios interiores

Tan importante como protegerse cuando salimos es conseguir que los espacios interiores sean confortables.

La temperatura debe ser agradable, evitando tanto el frío como un exceso de calefacción.

También conviene tener cuidado con los cambios bruscos de temperatura al pasar de un espacio interior muy cálido al exterior.

4. Mantener una buena hidratación

La hidratación sigue siendo importante cuando termina el verano.

Al bajar las temperaturas puede disminuir la sensación de sed, pero nuestro organismo continúa necesitando líquidos.

El agua debe seguir formando parte de la rutina diaria y también podemos incorporar, cuando sean adecuadas para cada persona, otras opciones como caldos, sopas o bebidas calientes.

5. Adaptar la alimentación a la nueva estación

La llegada del otoño también cambia poco a poco la alimentación en la tercera edad.

Empiezan a apetecer platos calientes y aparecen nuevos alimentos de temporada. Es un buen momento para incorporar preparaciones reconfortantes sin dejar de mantener una dieta variada y equilibrada.

En las personas mayores, además, la alimentación debe tener en cuenta sus necesidades individuales, posibles dificultades para masticar o tragar y las indicaciones de los profesionales sanitarios.

6. Mantenerse activo

Cuando empieza a hacer frío es fácil pasar más tiempo sentado o reducir las salidas al exterior.

Sin embargo, siempre que las condiciones personales lo permitan, es importante mantener cierto nivel de actividad física.

Caminar, participar en actividades o realizar ejercicios adaptados ayuda a mantener la movilidad y forma parte de un envejecimiento activo.

Los días de peor tiempo simplemente podemos trasladar parte de esa actividad a espacios interiores.

7. Prestar atención a pequeños cambios

Cada persona mayor es diferente. Por eso, más que aplicar unas recomendaciones idénticas para todos, es importante conocer sus rutinas y observar cómo se encuentra.

Cambios en su comportamiento habitual, un cansancio inusual, somnolencia, confusión, temblores persistentes u otros síntomas que nos preocupen deben recibir atención, especialmente después de una exposición prolongada al frío.

Ante síntomas importantes o dudas sobre su estado de salud, debemos solicitar valoración sanitaria.

La importancia del seguimiento médico cuando llega el frío

Con la bajada de las temperaturas, prestar atención al estado de salud de las personas mayores cobra todavía más importancia, especialmente en quienes tienen una salud más delicada o necesitan un seguimiento habitual.

En El Paular contamos con médico propio, una figura fundamental dentro del cuidado de nuestros residentes.

Su presencia permite conocer la situación de cada persona, realizar un seguimiento de su estado de salud y valorar aquellos cambios que puedan aparecer con la llegada del otoño y del invierno.

Este seguimiento se integra, además, con el trabajo del resto de profesionales de la residencia.

El objetivo no es únicamente actuar cuando surge un problema. También consiste en conocer a cada residente, observar su evolución y anticiparnos siempre que sea posible.

Para las familias, contar con seguimiento médico dentro de la propia residencia supone también una tranquilidad añadida: si se produce un cambio en el estado habitual de una persona, existe un profesional que conoce su situación y puede valorarla.

Cómo nos preparamos para la llegada del frío en El Paular

En El Paular entendemos que cuidar también significa adaptarnos a las estaciones.

Cuando termina el verano prestamos especial atención a esos pequeños cambios de temperatura que pueden pasar desapercibidos para muchos de nosotros, pero que las personas mayores pueden notar especialmente.

Adaptamos las actividades y los horarios a las condiciones meteorológicas y procuramos que los espacios mantengan una temperatura confortable.

Pero la llegada del otoño no significa quedarse dentro.

Siempre que el tiempo lo permite, seguimos disfrutando del exterior. Una de las características de El Paular es precisamente nuestro entorno y el contacto con la naturaleza. Los paseos y las actividades al aire libre continúan formando parte del día a día, simplemente adaptándolos a las condiciones de cada jornada.

La alimentación también cambia con las estaciones

La alimentación ocupa un lugar muy importante en El Paular.

Contamos con equipo de cocina propio y nutricionista, lo que nos permite adaptar los menús tanto a las necesidades de nuestros residentes como a cada época del año.

Además, apostamos por alimentos adquiridos en mercados de proximidad, incorporando productos y preparaciones propias de cada temporada.

Cuando empiezan a bajar las temperaturas llegan también platos más calientes y reconfortantes, manteniendo siempre una alimentación equilibrada y adaptada a las necesidades de cada residente.

Cuidar también está en los pequeños detalles

Prepararse para el frío no consiste únicamente en poner la calefacción o sacar un abrigo del armario.

Para una persona mayor puede significar elegir el mejor momento para dar un paseo, comprobar que lleva la ropa adecuada, ofrecerle un plato caliente, adaptar una actividad porque ese día hace peor tiempo o detectar que se encuentra diferente a lo habitual.

En una residencia, todos esos pequeños gestos forman parte del cuidado diario.

En El Paular entendemos la residencia como la casa de las personas que viven aquí. Por eso, nuestro objetivo es que cada residente se sienta cuidado, acompañado y confortable durante todo el año, también cuando los días empiezan a hacerse más cortos y llega el frío.

Preguntas frecuentes sobre las personas mayores y el frío

¿Por qué las personas mayores suelen tener más frío?

Con la edad pueden producirse cambios en la capacidad del organismo para regular la temperatura. La movilidad, el estado de salud y otros factores individuales también pueden influir en la sensación de frío.

¿Es recomendable que las personas mayores salgan cuando hace frío?

En general, el frío no significa que haya que dejar de salir. Si el estado de salud y las condiciones meteorológicas lo permiten, se pueden mantener los paseos y actividades al aire libre adaptando los horarios, la duración y la ropa.

¿Cómo podemos proteger a una persona mayor de los cambios de temperatura?

Vestirse por capas, comprobar la temperatura antes de salir, adaptar los horarios, mantener los espacios interiores confortables y evitar cambios térmicos muy bruscos son algunas medidas sencillas que pueden ayudar.

¿Qué debemos hacer si una persona mayor tiene mucho frío?

Hay que trasladarla a un lugar cálido y observar cómo se encuentra. Si presenta síntomas preocupantes, como confusión, somnolencia intensa, dificultades para hablar o moverse, o un empeoramiento de su estado habitual, es importante solicitar atención sanitaria.

¿Cómo se prepara una residencia para la llegada del otoño y el invierno?

En El Paular adaptamos progresivamente las actividades, los horarios, los espacios y la alimentación. Además, el trabajo coordinado del equipo y el seguimiento médico permiten tener en cuenta las necesidades individuales de cada residente durante los meses más fríos.

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