Historias de vida : Antonio Dabrowski

Nuestro residente, Antonio Dabrowski, testimonio vivo de la Segunda Guerra Mundial.

Escuchar a los demás nos enriquece, en especial a las personas mayores. Aprendemos escuchando, la conversación tranquila, atenta, sosegada, nos aporta calma y, simplemente, nos sienta bien. Las historias siempre nos han gustado, historias reales, fascinantes, historias que acaban convirtiéndose en pequeñas leyendas familiares y que nos dan lecciones de vida. En la residencia El Paular somos adictos a estas historias, y las compartimos, En esta ocasión uno de nuestros residentes, el señor Dabrowski con gran generosidad nos transporta a un momento histórico,no muy lejano, pero si muy destacado, la segunda guerra mundial, su extraordinaria historia nos recuerda lo importante que es la paz y la concordia, su relato no deja a nadie indiferente, os dejamos con el, disfrutar.
“Nací el 14 de junio de 1927 en Varsovia, en una familia de tres hermanos y una hermana. Todo transcurría con normalidad, iba al colegio, jugaba con amigos, montaba en bici…, hasta que en el año 1939, cuando tenía 12 años, estalló la Segunda Guerra Mundial. Los alemanes atacaron Polonia, mi país, con continuos y fuertes bombardeos. Después de aproximadamente tres semanas atacaron Varsovia con artillería, bombas, tanques y con un ejército fortísimo. Al mismo tiempo los rusos también entraron en Polonia por el este del país y, debido a que el ejército polaco era más débil y no podía defender el país por ambos frentes, Polonia no tuvo más remedio que rendirse.

A partir de ahí, mi vida cambió radicalmente, y comenzaron problemas de abastecimiento de comida, trabajo. No vivíamos en libertad y una gran parte de la población polaca sufrimos la pobreza.

Mi padre trabajaba en un hotel que fue quemado por los alemanes. Por suerte consiguió trabajar en otro hotel gracias a un amigo hasta el final de la guerra. Mi madre tenía que recorrer muchos kilómetros a pie para conseguir comida. Muchas veces la ayudaba yo.

Desgraciadamente no pude terminar los estudios porque los alemanes utilizaban las escuelas como oficinas, alojamientos, etc. y nos echaban de cada colegio al que asistía. Cada pocos meses teníamos que buscar uno disponible hasta quenos volvían a echar, así que tuve que estudiar en casas particulares y a escondidas las asignaturas como polaco, latín, historia, religión…

Las casas de estos profesores estaban en distintos barrios de la ciudad, muy separadas entre sí y tenía que ir andando o en tranvía; incluso, a veces, la parada podía estar casi a dos kilómetros de donde vivía.

Yo residía en Varsovia, en la parte donde los alemanes hicieron el gueto judío. En el año 1942 los alemanes nos expulsaron de allí, echaron a todos los cristianos y dejaban solo a los judíos, así que tuvimos que irnos a casa de un familiar que tenía una casa grande. Era constructor de casas de madera.

En el gueto judío se escuchaban continuamente disparos, quemaban las casas de los judíos. Fui testigo de suicidios, fusilamientos…y vi en persona como llevaban a familias enteras hacia la estación de ferrocarril. Era un continuo pasar de gente de todas las edades donde en tren los mandaban a los campos de concentración. Si alguno se revelaba o intentaba escapar lo mataban.

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Ante esta situación decidí entrar con un amigo a la armada polaca secreta. Fuimos con la ilusión de intentar liberar a mi país del dominio forzado de los alemanes. Sentía que mi patria necesitaba ser defendida del enemigo que nos atacaba, que nos encarcelaba injustamente enviándonos a los campos de concentración, donde torturaban, mataban …no exitía libertad.

Con 15 años (aunque dije a los oficiales polacos que tenia 18) comencé mi vida como guerrillero. Me llamaba León porque todo era en total secreto y no podía dar mi verdadero nombre. Llevaba armas de una parte a otra de la ciudad.

Una vez me detuvieron los alemanes, me registraron de arriba abajo y me soltaron. No se dieron cuenta de que en el pan redondo y grande que llevaba en las manos, había una pistola escondida, le había quitado la miga, lo había partido y había metido una pistola. Después lo volví a cerrar. Por suerte escapé con vida, porque si me hubieran descubierto me hubieran disparado allí mismo.

En otra ocasión también me cogieron. Yo llevaba balas en los bolsillos y, mientras me llevaban a otro sitio, pude echarlas poco a poco por debajo del pantalón sin que se dieran cuenta.

Nos reuníamos a escondidas en los bosques o en diferentes pisos de la ciudad y los avisos los daban normalmente chicas (eran las enlaces) al cruzarnos por la calle, sin pararnos ni mirarnos. Lo decían rápidamente y entonces nos juntábamos en el sitio acordado y practicábamos el uso de las armas, estudiábamos los planos de la ciudad y cómo poder contraatacar a los alemanes.

El levantamiento de Varsovia empezó el 1 de agosto de 1944. Yo tuve que dormir en un cementerio alemán dentro de un panteón durante una semana antes de comenzar nuestro ataque contra el enemigo. Estábamos esperando que nos dijeran  el día y la hora de comenzar. Pudimos estar en ese cementerio gracias a una familia que trabajaba en el cementerio.

Yo estaba en la compañía número 3 y, hasta que nos dieron el aviso de cuándo y a qué hora iba a empezar nuestra revolución tuvimos que estar allí escondidos.

Mi primera acción fue atacar un búnker alemán que estaba al otro lado de la calle. Nos presentaron 2 semanas allí, viviendo y comiendo como podíamos.

Después volvimos y conquistamos un barrio donde cogimos una patrulla alemana de 10 soldados que se rindieron gracias a nuestro ataque.

Volvimos a nuestro barrio por medio de canales y barricadas, todo a escondidas. Yo me metí en una casa vigilando los ataques del enemigo para avisar al sargento cuando se acercaban los alemanes y así poder atacarles nosotros por sorpresa.

Un día el sargento me mandó ir al primer piso de la casa para ver donde estaban los tanques alemanes pero al subir e intentar abrir la puerta se escuchó un estallido enorme: era una bomba lanzada desde un tanque contra el piso y salí disparado hacia atrás unos metros. Gracias a que la puerta me hizo de escudo salvé la vida. Perdí el conocimiento dos días, así como el oído y me llevaron a un hospital donde me operaron. Después de recuperarme algo me volvieron a operar en Italia, Inglaterra y en España dos veces y por fin he podido recuperar el 80% del oído.

Me cogieron los alemanes y fui prisionero de guerra en un campo de concentración, y cuando los rusos se acercaban, los alemanes  nos metieron en un tren de carga y nos llevaron hacia Alemania, pero antes de la frontera con Austria y justo antes de un túnel, se acercaron aviones yugoslavos y nos atacaron sin saber que estábamos nosotros, no solo alemanes, sino también prisioneros de guerra, y dentro del tren nos dispararon. Justo a mi lado estaba mi amigo apoyado en mí…le dieron en la cabeza y herido de muerte…falleció. Estaba a muy pocos centímetros míos…

Entonces otro compañero, traductor de idiomas y ayudante de los alemanes, nos abrió la puerta del tren y pudimos saltar e intentar escapar. Nos atacaron otra vez los alemanes y también disparaban desde los aviones yugoslavos. Tuvimos que pasar por debajo del tren porque en un lado había un rio y, muy rápidamente, decidimos ir mejor al otro lado porque había un bosque. Gracias a Dios pudimos correr, escondernos y quedamos a salvo una vez mas.

Al día siguiente entré a formar parte de la división internacional del Mariscal Tito donde se nos obligó a quedarnos con ellos hasta el final de la guerra.

Fui prisionero de guerra en Alemania, Austria y Yugoslavia hasta el fin de la guerra, pero, gracias a un médico inglés, 28 polacos pudimos escapar una vez más. Los ingleses nos llevaron en camión a Italia, porque no quisimos volver a la Polonia Comunista.

Meses después, de allí llevamos prisioneros alemanes en barco a Inglaterra, teníamos que vigilarlos. Una vez allí pude dejar el servicio militar y trabajé casi 10 años en la marina mercante británica.

Estando en el puerto de Valencia con el barco tuve un ataque de apendicitis y una chica riojana, familiar de un cuidador del puerto, me cuidó. Nos enamoramos…me casé con ella, hace solo 56 años. Tengo 4 hijos y 8 nietos y vivo felizmente en Alicante.

La conclusión sobre mi experiencia en la guerra es muy triste y desoladora. Hay odio, heridos, inválidos, muertes, nada bueno, familias destrozadas, ciudades destruidas, campos de concentración con mucho sufrimiento, torturas y muerte…HAY QUE DIALOGAR E INTENTAR ARREGLAR TODO POR LAS BUENAS, hay que tener buenas intenciones y con amor conseguir la paz para no hacer sufrir a humanos inocentes”.

Antonio Dabrowski

2 thoughts on “Historias de vida : Antonio Dabrowski

  1. Pablo Reig Cruañes says:

    Conocía, aunque no con tanto detalle, esta historia personal de Antonio Dabrowski, el padre de una estupenda familia amiga y vecina en Alicante. Janus, Marek, Marila e Irenka, Me ha emocionado el relato de su intensa y arriesgada juventud en esa Europa convulsa y peligrosa que le tocó vivir. Ojalá no se repitiera nunca y ojalá se terminaran otras guerras crueles y las enormes injusticias que las provocan. Un abrazo a toda la familia Dabrowski.

  2. Balbina Pernas says:

    Es lindisimo este reportaje. Yo soy prima Hermana de su señora Maria Soledad Pernas Roig y había oído algo de esta historia, pero me gustó mucho leerla completa. Felicitaciones Antonio!….
    Balbina Pernas de Diaz

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